domingo, agosto 23, 2015

El resumen del verano más corto de nuestra historia












Resumen fotográfico del verano más extraño que hemos vivido.
Corto, intenso, y accidentado.
No hemos tenido más remedio que tirarnos a la calle y perder un poco el sentido de las rutinas y de las obligaciones.
Playa, sol, arena y parque.
Vitaminas naturales y gratuitas.
El verano nos ha durado apenas 20 días, y vuelvo a mi proyecto con las pilas cargadas, y pensando que ya habrá tiempo de poder disfrutar de un verano de mes y medio, cuando las preocupaciones que me ocupan ahora, pasen a la historia.

jueves, agosto 06, 2015

4 años


Ayer mi mariposita cumplió 4 años.
Es una niña de 4 años que razona, se impone, y pregunta todo lo que no sabe.
Pregunta hasta llegar al cansancio.
Ella ha avanzado mucho en este tiempo, yo también.
De lo que he aprendido este último año con ella, es a prestarle atención. Más de lo que lo hacía antes.
Prestarle atención en todas las circunstancias, y en todos los momentos. Prestar atención es el camino previo al desarrollo normal como persona.
Sigo haciendo oídos sordos a todos esos comentarios de que así se hacen niños caprichosos y mimosos, que también se crean pequeños dictadores, bla bla bla..
Sigo dando la misma respuesta: este libro lo escribimos nosotras, y a nosotras esta historia nos gusta como está.
Este año ha sido completamente consciente de qué significa cumplir años, todo lo que se puede ser consciente con 4 años.
Ser el centro del día de toda la gente que la quiere, y que día a día la acompaña en este camino.
Desde que se levantó se puso su corona de cumpleañera, y estuvo con ella hasta que se fue a la cama. Mucho más tarde de la hora habitual.
Yo nunca fui mucho de fiestas, ni de ser centros, ni de algarabías... Pero una se traga sus gustos y hasta un sapo si hiciera falta, por darle el gusto.
Por la noche cuando ya se caía de sueño, me dijo: mamá que cumpleaños tan feliz he tenido, estoy muy contenta.
Y yo también... yo también estoy muy contenta.

viernes, julio 31, 2015

Adiós Julio.. adiós






Adiós Julio.
Yo no sé cómo ha sido que este mes ha pasado tan rápido.
Lo normal para ésta época del año, es que ya estuviéramos totalmente instaladas en NuestroNorte, disfrutando del viento típico de Julio, sin pasar ningún calor, y dándonos a la vida contemplativa.
Pero ya sabes, la vida te lleva por caminos raros..
Y este año en el que me convertiré en la señora de las cuatro décadas, estoy tomando serias decisiones que afectan mucho a cómo estamos pasando el verano.
Así que aquí seguimos, con una rutina de trabajo digna de un internado suizo. Estudiando, proyectando, planeando, educando. Sin descanso. El único descanso, es para convencerme de que el sacrificio tiene-tendrá recompensa.
La recompensa de la tranquilidad. La tranquilidad que ansío y que tanto necesito.
Ni que decir tiene que estos días, de agujas poco, y de lectura, entre cero y nada.
Sacamos ratos para ir a darnos un baño en la piscina, y para preparar la comida. Porque seguimos teniendo la costumbre de comer.
De entre esas cosas raras que me pasan, está la de tener antojo de piparras en pleno Julio con ola de calor incluida. Creo que llevo enchilándome todo el mes. No sé que tiene el calor con el picante, pero cuanto más calor hay, más picante me apetece comer. Supongo que algún gen absurdo y suicida tengo por ahí.
En momentos de lucidez, que alguno tengo, sigo preparando meriendas ricas los sábados por la tarde.
Desde que ví la receta de estos éclaires en Chez Thérèse tuve el deseo de hacerlos. Tengo que decir que de entrada pensé que eran complicadísimos, pero la receta está muy bien explicada, y siguiendo los pasos salen estupendos. De hecho este mes ya los he hecho tres veces. No se tarda tanto en hacerlos, y en cierta manera son adictivos.
Las constantes en estos días, siguen siendo el pan de los domingos, y las galletas del príncipe con leche fría algunas noches para cenar.
Y mientras, intento conjugar todo esto como una mujer orquesta que no pierde el ritmo ni el tono, voy rumbo al norte o al sur, dependiendo del proyecto que tenga entre manos, repasando decretos y artículos, mientras sigo la carretera, con John de fondo.

¡Ay  John! Tu siempre a mi lado.
Si un día te juré amor eterno, 
no fue por casualidad

domingo, julio 26, 2015

Siempre vuelvo a este punto..


y, no pasa nada.

Y estoy cómoda, entre reglamentos, leyes orgánicas, y decretos legislativos.

La vida te lleva por caminos raros

.. siempre hay algún bar que se llama Las Vegas,
en alguna parte,
en alguna parte.

.. siempre hay algún trozo averiado del día,
que no puedes borrar, pero te gustaría.

.. la vida te mira con los labios pintados.

lunes, julio 20, 2015

Gira roscas y cotufas 2015






Estoy en medio de un montón de normativa, decretos, y planos varios.
Mientras, pienso en el respiro que me voy a dar el viernes.. Este viernes, en el Canela (Lajares)
Donde voy a disfrutar un buen rato de mis tres amigos, y de sus guitarras.
La semana se me antoja eterna, esperando a que llegue el viernes, pero llegará.. sé que llegará.
Te vienes?

lunes, julio 06, 2015

Historia de una mariposita que no tenía claro que fuera una sirena








Todo comenzó hace un mes, cuando una mañana Emma, y sin venir a cuento, me dijo algo así como que ya nunca más quería ir a la playa, ni a la piscina, ni a ningún sitio que tuviera agua.
Sin motivo aparente, y tampoco con ningún hecho antecedente. No le presté mucha atención, la verdad.
A los pocos días fuimos a un cumpleaños donde había piscina. Le costó meterse en el agua más de tres horas. Esto sí que me llamó la atención. A mi cabeza venían raudos, momentos en los que he tenido que controlar a Emma porque era atraída por el agua como si de un imán se tratara. Me puse en alerta.
Los días siguieron sin pena ni gloria, pero haciendo referencia cada día que lo del agua no iba a ser buena idea. Pasada una semana, decidí coger el toro por los cuernos. Y la apunté a un cursillo de iniciación en la piscina municipal.
El primer día acudió más o menos contenta, y con mucha curiosidad. Todo cambió a los cinco minutos de estar en la piscina. Ahí empezó a llorar y no paró hasta que salió: cuarenta minutos más tarde. Yo, desde la grada, creí que me iba a dar un infarto.
Fueron los peores cuarenta minutos de mi vida como madre.
Verla sacudirse del llanto, entrar y salir del agua, estar muy junta a otros siete niños que parecían que en cualquier momento se iban a caer al agua... Mi valor de buena madre cayó en picado. Mi niña lo estaba pasando realmente mal, y era yo la que la había llevado allí.
Los monitores (a quien no me canso de darles las gracias) estuvieron todo el rato pendientes de todos los niños, pero especialmente de ella. No la dejaron sola en ningún instante.
Cuando la recogí, seguía llorando, y aún le duró un rato más. Emma es así, puede empezar a llorar en la hora del desayuno y seguir con el llanto hasta el almuerzo.
Y a partir de ahí, mi cabeza se convirtió en un martilleo constante del análisis de la situación.
¿La dejo o la quito?
Me pasé esa primera noche, mirando el cielo, buscando una respuesta divina.
Lo único que conseguí fue unas fotos, donde parece  que sí, que la divinidad estaba ahí, pero su respuesta no.
Me fui a la cama con la intención de darle de margen otro día más. Intentaría vislumbrar alguna señal que me diferenciara si la situación iba a ser favorable o totalmente traumática.
Y llegó el día siguiente y allá que volvimos. El inicio fue el mismo: llanto inconsolable.
Veinte minutos por reloj que pasó llorando. Pero de pronto había una sutil diferencia. Lloraba, pero hacía los ejercicios.
No sé explicar qué pasaba, porque yo lo estaba pasando muy mal (fatal fatal), pero había algo que de pronto sentí que me decía que debíamos seguir con el cursillo.
Miércoles: diez minutos de llanto, y parece, solo parece que algo de diversión.
Jueves: cinco minutos de lagrimeo. Es oficial: se estaba divirtiendo.
El fin de semana, lo pasamos repasando lo que había aprendido, y lo bueno que era su monitor.
El lunes, volvimos a la piscina, y ya no hubo llanto, pero tampoco había muy buena predisposición. Cara larga, pero se dirigió a la ducha. Este día fue el primero que hizo todos los ejercicios por su pie, buscando con la vista siempre a su monitor, y dedicándole muchas sonrisas.
El martes, y para mi asombro, se fue sola a la fila, estaba deseando entrar y meterse en el agua. Su profe le hizo la ola, y a mí me dedicó una mirada de total tranquilidad.
Lo que restó del mini cursillo, fueron dos días de total diversión y aprovechamiento. El último día, y con mi cara totalmente desencajada la vi saltar del podio que colocan delante de las calles. Dos veces. ¡Dos veces!, sin churro, sin tabla, y solo tirándole los brazos al monitor.
Se me saltaron hasta las lágrimas.
Me sentí bien, contenta por ella y por mí. Satisfecha por seguir mi instinto, y no darle rienda suelta al miedo que sentí las ocho benditas clases. Ella lo superó y yo también.
Hoy hemos ido a otra piscina. Y apenas le he dado el churro y se ha metido en el agua ha empezado a darle a los pies, y se ha puesto a mitad de la piscina.
Está claro, que la que tiene que ir al cursillo ahora soy yo.

sábado, julio 04, 2015

Bienvenido verano


Ya sé que hace rato ya que llegó el verano, pero parece que yo estos días voy llegando tarde a todo.
También sé que esto que acabo de escribir no es real, es una sensación que me acompaña últimamente, solo una sensación. Producida por la necesidad de hacer un montón de cosas que llenan las listas que hago cada domingo, y que me producen un total agotamiento físico el lunes por la noche.
Igual estaría bien que dejara de hacer listas, yo que sé.
La cosa es que ya estamos oficialmente en verano. Con niñas sin obligaciones escolares y con necesidades lúdicas diarias. Con un apetito voraz, y con ideas extraordinarias y no siempre recomendables. Lo que no consigo lograr es hacer que Emma no madrugue. No hay forma, y como muy tarde, a las 8 está en planta, diciendo buenos días a pleno pulmón o cantando como un gallo, dependiendo del cable que tenga cruzado cuando abre los ojos.
Me parece increíble que haya pasado el primer año escolar.
Un año escolar llenísimo de acontecimientos y aprendizajes, tanto para ella como para mí.
La diferencia en el nivel madurativo de la niña que entró con la que ha terminado el curso es tremendo. Ya no hay una niña pequeña en ningún sitio de esa persona que me acompaña día y noche.
Habla, razona, se ríe, se enfada.. Pero ya no hay rastro de niña pequeña. Es una niña, con cara e ideas de niña mayor.
Lo mejor, con total diferencia de este primer curso, ha sido la profesora que tiene Emma. Cuando elegí el colegio para Emma, lo hice pensando en el proyecto global, en el proyecto escolar del colegio, el programa y el sistema de enseñar. También me dí cuenta muy rápido, que por muy bueno que fuera el colegio, si la profesora no se hacía con Emma y ella con la profe, todo iba a dar igual. Afortunadamente, la profe de Emma, es genial. No creo que hubiera podido tocarle una mejor. Es respetuosa, paciente y a la vez firme, y es capaz de sacar de los niños lo mejor de ellos. Sabe como motivarlos, y como hacerlos sentir responsables e importantes.
Este primer año también ha sido muy importante para mí. He tenido que socializar con todas las madres de los compañeros de Emma, ir a los cumpleaños, los actos que se han celebrado en el colegio, y he aguantado todo el curso, sin abandonar el grupo de whatsapp.
Me ha servido para ser más empática. He procurado ponerme en los zapatos del otro antes de lanzarme a hacer un juicio sobre cualquier situación que estuviera aconteciendo, y también a callarme cuando la ocasión lo meritaba. No ha sido fácil, para qué nos vamos a engañar.
Hemos acabado el curso, las dos, con buenas notas. Ella lo ha logrado académicamente, y yo socialmente.
Y ahora nos esperan dos meses de mucha agua, mucha arena y sol moderado.