jueves, marzo 16, 2017

Hygge







Estoy leyendo mucho estos días. Leyendo y perdiendo mucho tiempo en IG. Bueno, que tampoco es perdiendo, que también estoy aprendiendo mucho. La cosa, es que estos días se ha puesto muy de moda un libro. Te pongo el enlace a la e-biblio, porque probablemente este sea el mejor descubrimiento del año pasado. El préstamo de libros electrónicos -Y ahora me podría marcar un número de baile y cante al estilo de Moui en la peli de Vaiana, "de nada"-
El caso, es que éste libro que te he linkeado arriba, está super de moda. Y yo con este acusado culuquierismo que me invade, lo he pedido prestado de la biblioteca, y me he puesto a leerlo. No he avanzado demasiado, pero sí lo suficiente para aprender a pronunciar Hygge y saber qué es.
Me ha gustado mucho el concepto. Ese concepto de apreciar el momento, el instante y las situaciones.
Ya casi tengo un pie puesto en el fin de semana, pero en el regusto tengo aún un montón de momentos hygge del fin de semana pasado.
Amanecí el sábado con la necesidad de una labor de esas de satisfacción inmediata, y gracias a que mi amiga me dio un chivatazo sobre el lanzamiento de un patrón, me puse manos a las agujas.
Tengo demasiadas madejas huérfanas por aquí, y estos cuellos rápidos y preciosos, son perfectas para ellas. Escogí una madeja teñida a mano, y concentración.
El patrón es sencillo, aunque tiene dos cosas fundamentales por la que lo deberías hacer: el cast-on y el cast-off. Los conocía, pero no los había practicado. Pero después de practicarlos con este cuello, no va a ser la última vez que los use. Me encanta el acabado que da. Y los voy a incorporar a mis técnicas preferidas. Y dos capítulos después de Anatomía de Grey, el cuello está acabado. Hygge
Otra de las cosas que he disfrutado muchísimo esta semana son las comidas. Emma está en un momento quiero probar de todo, y eso me anima a variar mucho nuestros menús. Aprovechando que mi amiga Garazi trae muy buenos productos de la tierra, vamos comiendo lo que hay de temporada. Sabiendo que lo que comemos lo cultivan aquí cerca, con atención y con mimo. Del menú del sábado: crema de coliflor con gambas, ensalada de kale y espinacas con fresas, y manzana de postre.
Ya no me acordaba a lo que sabía una manzana de verdad. De esas que huelen, y además saben a manzana. Hygge
Y el sábado, que fue un día de agosto en marzo, con 30º y mucha calima. Terminé el día dando unas vueltas a un calcetín, en compañía de mi prima la tejedora, antes quilter. Café, vista al puerto, y risas cómplices. Hygge
Yo creo que el concepto lo tengo ya muy interiorizado, y hasta se me está dando muy bien ponerlo en práctica. Solo me falta dedicarme más a la tarea de seguir sumando momentos así, profesionalizarme en el Hygge.

jueves, marzo 09, 2017

Carnaval y que viva la purpurina











Cuando empiezas a decir a familiares y amigos que esperas una hija, siempre te contestan cosas como: qué bien, verás lo que va a cambiar tu vida ahora; me alegro, ahora vas a saber lo que es querer de verdad; oh! verás cuántas cosas se hacen por los hijos.
Y con esta última frase me quedo hoy: cuántas cosas se hacen por los hijos, o con los hijos, o teniendo a los hijos como excusa.
Hasta que Emma llegó a mi vida, yo huía de los Carnavales como alma que lleva el demonio. Me centraba únicamente en la Gala Drag, como buena cuenta da el archivo de este blog, y listo. El lunes de carnaval lo aprovechaba siempre para sacar la máquina de coser o las agujas y darme un buen festín nocturno de mis aficiones favoritas.
Peeeeeeero llegó Emma, y con ella sus propios intereses, y también una toma de conciencia de la realidad. Ella no soy yo, y yo no soy ella, aunque a veces estemos unidas como dos siamesas.
Y con esta cuestión de conciencia tengo una labor de análisis de cada situación, que bien podría diagnosticárseme un TOC.
Llegó febrero, se empezó a desarrollar el ambiente de purpurina en todas las esquinas. El kilo se llenó de telas de lentejuelas y plumas; los chinos de goma eva fosforescente y pistolas de siliconas de todos los tamaños; y los grupos de whatsapp, on fire!
En el cole se organizó un disfraz común para toda la etapa de infantil. Y 75 ratoncitos se dieron cita en un pasacalles alrededor del colegio. Los profesores idearon el disfraz, las madres nos hicimos con los materiales, y con un buen trabajo en cadena, se hicieron todos los accesorios del disfraz.
Pero, amigas, esto no es suficiente. Porque cuando de pronto te ves con un restillo de purpurina en la cara, y la pistola de silicona en la mano, pues como que te quedas con ganas de más. Y ahí están las madres más carnavaleras, para darte eso que estás pidiendo, casi sin saber qué es.
Y se hace un comentario: podríamos disfrazarnos todos para la cabalgata. Un buen grupito.
Y otra dice: oye! pues estaría muy bien, que hace mucho que no me disfrazo.
Y se añade: ay sí! qué divertido.
Y yo, ahí en medio, como si hubiera aterrizado en China, sin saber bien a qué se referían, pero totalmente contagiada por el espíritu del Carnaval.
Casi sin darme cuenta, había entregado el dinero, habían comprado las telas y demás materiales, y estaba todo organizado.
Con la disciplina de un campamento militar, se repartieron materiales y tareas, y un plisplas, estaba todo listo. No hay nada mejor que alguien con dones de mando para estas cosas.
Hicimos todo. Los tocados, los zapatos y los vestidos.
Como era un grupo bastante grande, cada uno aprovechó sus conocimientos y dones para cada tarea. Yo le quité el polvo a la máquina de coser y a las tijeras, y en una tarde me hice 5 trajes, y en otra 4. Y ya la noche del lunes de Carnaval los 6 bolsos.
Y llegó el día señalado. Y allí nos fuimos todos, con muchas ganas de pasarlo bien.
Y vaya que si lo pasamos bien. Es posible que esté sacando purpurina de casa hasta junio, pero fíjate, que ya no me importa.
Yo.... que era alérgica.

lunes, enero 23, 2017

Cada uno con lo suyo










Hay gente que cuando necesita recargar pilas, se va al monte, corriendo y todo. Ahora que está tan de moda. O en bicicleta, que ahora también se estila mucho eso de irse en pelotón ciclista.
Yo, será que soy un poco vaga de naturaleza,  eso de cargar pilas ejercitándose, pues oye, que no lo veo. Así que me busco alternativas.
En verano es fácil, me tumbo en MiNorte al solajero y listo, batería recargada. Ahora es un poco más difícil. Ahora digo, no por el invierno, sino por la edad. De un tiempo a esta parte el frío se me mete por dentro, como si se me colara por las costuras. Y me paso desde diciembre hasta casi abril poniéndome capas, una  encima de otra. Con lo que lo de tirarme al Atlántico es misión inabordable.
Así las cosas, he buscado una vía alternativa a la necesidad imperiosa de cargar pilas. Oye, y la encontré. Si es que cuando yo me propongo algo...
La verdad, no me voy a atribuir un mérito que no tengo. Ha sido realmente fácil. Un par de whatsapp cruzados y quedada energética montada. Y no tiene que ver con yogas, chakras y reikis varios... Tiene que ver con reunirnos en casa de mi prima con unos fat quarters, y un patrón ligero. De esos de terminar en un día, y de los que da satisfacción inmediata.
Desde por la mañana a media tarde, almuerzo de por medio. Y por supuesto risas, confesiones, y nuevos propósitos. Combo ganador. Qué fácil son las cosas así, verdad? Siempre que me vuelvo a casa después de una quedada así, me viene a la mente aquello que salía en La Bola De Cristal: solo no puedo, con amigos sí. Y qué suerte, tenerlas.
Ellas hicieron un bolsito que MiColegui me hizo a mí hace un tiempo, y yo terminé un cojín que tenía por ahí saltando hace un tiempo considerable, y también dos bolsitas de labores.  Utilicé este patrón, que además de ser monismo, está perfectamente explicado.  Me parece practiquísimo, porque aunque yo no me echo a correr por la avenida, si que camino a paso ligero mientras Emma está en sus cosas extraescolares. Así que si ven a alguien caminando y haciendo punto al mismo tiempo, soy yo. Me paran y me dicen hola, aunque sea con la manita.

domingo, enero 08, 2017

Estrenando año, rutinas e ilusiones



Here we go again..
No hay nada que me guste más que esto de empezar. Ya sea una libreta, un mes o un año.
En mi naturaleza está la necesidad de reiniciar. De borrar todo lo anterior y empezar de nuevo. Esa posibilidad me hace creerme mágica y capaz.
Y sí, me gusta ir terminando el año haciendo mil listas, perfilándolas, y personalizándolas.
Y siempre empiezo enero contenta, y con un montón de ganas. Tachando cada día lo que tenía previsto y añadiendo cosas a esa lista de propósitos.
Y también sé que cuando llega junio voy con la lengua fuera, que la agenda es una locura imposible de entender, y que llevo el pelo p'atrás solo pensando en poner rumbo norte y tirarme en mi charco.
Pero una cosa no quita la otra. No dejo que la realidad me arruine el momento reset. Y aquí estoy, disfrutando de este momento de inicio, donde todo va según "el plan", donde la agenda está bonita, con sus colorines y sus pegatinas, y donde yo me siento muy enérgica y consigo levantarme cada día antes de que salga el sol.
Este año tenía serias dudas, o mejor decir, serios temores. El 2016 ha sido un gran año para mi. Me ha tratado muy muy bien. Han pasado cosas que aunque deseaba, no las veía posible, y sin embargo, se han dado. Hasta un premio literario gané. De pronto al hacer el balance final de año, y de poner por escrito todo lo que ha pasado, he sentido el temor de que ya no podían pasar cosas mejores, y he sentido miedo. ¿Y si a partir de ahora me tocan "vacas flacas"?. Bueno... esperemos que no, pero si tocan, espero tener recursos suficientes para tirar con ellas p'alante.
La última semana de diciembre, la dediqué a la planificación. Y mira tú por dónde, leyendo el blog de Ana Albiol, me encuentro justo con algo que llevaba tiempo buscando sin saber bien qué era.
Después de leer el post, me fui corriendo a amazon, y me compré el libro. Tardé tres días en leérmelo. y ya hoy, te puedo decir que llevo una semana levantándome al alba. Soy una morning person, eso lo he tenido claro siempre, pero la verdad es que me levantaba, y lo más que hacía era una rutina ligera de yoga, y ponerme a trabajar. Por fin he encontrado una rutina que parece que me puede beneficiar.
Una semana ha pasado desde el primer madrugón, y hoy domingo, tengo que ser sincera.. quise quedarme en la cama, pero no tuve ninguna razón de peso para hacerlo. Así que también hoy me levanté a las 6:00am. ¿Que si me siento mal? Pues no. ¿Que si tengo sueño? No más que otras veces.
¿Que si merece la pena? Totalmente. No me voy a poner exagerada y a decirte que me ha cambiado la vida, porque a tanto no llega aún, pero que esta semana ha sido una buena semana, sí te lo puedo decir.
Después de terminar este libro tan motivador, me puse con El año del pensamiento mágico. Lo había visto en varios sitios, y me daba mucha curiosidad. Lo pedí prestado en la biblioteca de mi pueblo, y lo he acabado hoy mismo. Llega muy dentro. Cuánto dolor diseccionado, sometido a un análisis tan exhaustivo, que pareciera que quien lo cuenta es una tercera persona, no la propia. Y aún así, eres capaz de percibir el dolor. Pero no ese de locura, de meterse debajo de la manta o la cama, del de la negrura total, no el del llanto ni el del me muero mañana. Es un dolor analizado, y aceptado... pero no entendido, y no asumido. Me ha gustado mucho leerlo. Y creo que es el típico libro que acepta segundas y terceras lecturas.
Y para digerir la lectura, hoy, -para estrenar mi regalo de reyes-, he puesto en funcionamiento mi crockpot. He hecho unas lentejas estofadas "a mi manera" la verdad. 10 horas han estado haciendo chup chup.
Las acabo de apagar. Las lentejas tienen muy buena pinta, aunque le veo dos problemas a esta olla.
Una de las cosas que me molesta, y mucho, es que en mi casa, la cocina y el salón es solo una estancia, y esta olla, es -como dice Emma- un caldero.  La pones a cocinar 10h y son las mismas horas, las que va desprendiendo aromas. Desde el embarazo, me quedó un olfato digno de un perro de caza, y la repugnancia a según qué olores también. Y desde entonces, oler a comida, cuando no vamos a comer, me molesta, y mucho. Lo ideal para esto, es poner todos los ingredientes dentro, y dejarla guisando toda la noche. Pero en mi caso, eso es imposible. No soportaría el olor a comida cuando me levanto por las mañanas. Así que aquí le veo yo un problema, no solucionable hasta que nos cambiemos de casa. Y el segundo problema es que no debe abrirse la tapa. ¿Y cómo controla uno las ganas de revolver y ver lo que está pasando dentro de la olla?.
La primera tiene solución a medio plazo, la segunda, ya veremos mi autocontrol.

lunes, diciembre 05, 2016

Rumbo Ajuy con unas botas de punto de cruz











Todo el mundo sabe que cuando me subo al coche con intención de salir del pueblo, siempre pongo rumbo norte. Consciente o inconscientemente, siempre tiro para el norte.
Se me olvida que esta bendita isla, también tiene un sur maravilloso. Y ahora, que ha llovido, no muchísimo, pero sí lo suficiente para que todo esté verde.. verde. Algo que a un majorero autóctono le hace sentir felicidad inmediata.
También sabe todo el mundo, y si no lo sabe, ahora mismo lo aclaro, ya estamos en Diciembre, momento en el que aquí montamos una algarabía considerable disfrutando intensamente de la preparación y organización de nuestro calendario de Adviento. Esta es nuestra tercera edición de nuestro calendario de Adviento de actividades. Emma va cambiando de gustos y de intereses, y este año nuestro calendario está más lleno de actividades en el exterior que en el interior. La actividad de ayer, era irnos de excursión.
Con esta excusa y con el firme propósito de ver algo que hacía tiempo que no veía, y de enseñarle a Emma algo distinto a lo que está acostumbrada a ver, pusimos rumbo sur.
La costa oeste de la isla de norte a sur, es parecida. Acantilados, riscos para los de aquí; arena oscura que tira a negra; y la mar como un demonio de manera habitual.
En el suroeste, está Ajuy. Un pueblito a orilla de esa mar tremenda, que a fuerza de romper contra los riscos día tras día, siglo tras siglo, ha horadado el acantilado. Se han formado una cuevas cuya visita es un espectáculo.
El camino es algo más de un par de kilómetros, que está arreglado, pero que puede no ser muy apto para niñas de cinco años. Nos conformamos con subir al primer mirador, y desde allí gozar de las buenas vistas, y de hacer unas respiraciones profundas de agua salada y aire marino. Sigo confirmando que para nosotras no existe una cura más rápida para cualquiera de los males que pueda aquejarnos que respirar este aire. Da igual lo que quieras engañarte, al final la genética manda. Nosotras somos marineras, por los cuatro costados.
Y ya de vuelta a casa, encender la 2º vela de Adviento, y rematar las botas de punto de cruz que  hice durante Noviembre. Hacía muchísimo tiempo que le había echado el ojo a esta revista de BlackBird designs. Estuvo agotada, y desde que LaCasinaRoja, la repuso, me lancé en plancha a por ella. Mi enamoramiento era por un cuadro muy navideño que está en el interior, pero al recibir la revista y ver las botas, sufrí otro enamoramiento instantáneo. Encima, por esos mismos días, Cova, mostraba las que ella había bordado, personalizándolas. Y yo, que de naturaleza soy muy culoveo, culoquiero. No pude más que copiar su idea vilmente.
Primero pensé en bordar para Emma y mis sobrinas, pero cuando me di cuenta de que no tenía tela suficiente, desistí de la idea. Después de hacer la de Emma, comprobé que podía encajar otra, y pensé que a mi ahijada la mayor, o sea, mi hermana la menor, podía gustarle tener una. Todavía no la ha visto siquiera, pero tengo la sensación de que le va a sorprender bastante.
Y así, con las botas colgadas, vamos a seguir disfrutando un poco más de nuestro calendario de Adviento de actividades y de los últimos días de este año.

lunes, noviembre 21, 2016

Y nos fuimos a París!!













Hice una lista de deseos enorme para mi cumpleaños, y casi antes de poner el punto y final del último deseo, empezaron a cumplirse uno detrás de otro.
Hace ya un mes que fuimos y vinimos de París, y aún tenemos frescos los recuerdos y la experiencia.
Hace aproximadamente 7 años, yo hice el mismo viaje, de hecho me quedé hasta en el mismo hotel. Y no han podido ser experiencias más diferentes. 
Se supone que los mayores vamos a llevar a los pequeños, porque es un viaje para niños y bla bla bla.
Íbamos seis adultos y Emma, y puedo asegurar que todos disfrutamos por igual.
Nos subimos en todas las atracciones a las que Emma podía subirse, y pude comprobar lo que le gustan las emociones fuertes. 
Estuvimos tres noches en el parque, que según mi experiencia es tiempo suficiente para ver ambos parques, incluso para hacer las colas para ver a los personajes más solicitados, y las de las atracciones. Para esto también se puede planificar la visita. Al llegar al parque hay un flyer con los espectáculos diarios, y es muy útil, porque te informa de los horarios de los espectáculos, y de donde y a qué horas van a estar los personajes. Con esta información, puedes organizarte, y llegar a casi todo. 
Desde el 01 de Octubre se coloca la decoración de Halloween, y los "malvados" de Disney tienen su momento protagonista. Lo que para mí fue maravilloso, porque ya saben que yo soy más de Maléfica que de Aurora; más de la Reina de Corazones que de Alicia; y por supuesto, mucho mucho más de la madrastra que de Blancanieves. Había un espectáculo de todos los "malos". Un número musical de unos minutos, y luego bajaban del escenario y te podías sacar fotos con ellos: emocionantísimo.
Los desfiles hay que verlos, y el espectáculo de noche también. Creo que no he visto unos fuegos artificiales más bonitos que los que ví allí. De llorar de emoción.
El último día lo dedicamos para ver lo más importante de París. A Emma le emocionó ver la Torre Eiffel, y también Notre Dame, lo demás le dio un poco igual.
Estuvimos también en la librería Shakespeare, y caminando por Ópera, claro que teníamos un guía de excepción, que ya conoce París tan bien como MiNorte, y eso es una ventaja muy a tener en cuenta... Y de todo esto, lo que me queda muy claro es que tenemos que volver. Pronto, y más tiempo.

martes, octubre 04, 2016

De cuando perdí la vergüenza de hacer lista de deseos

Dentro de exactamente 20 días, voy a estar soplando una vela en un cupcake. Una vela que vale por 41 años.
¿Te creías que me iba a dar vergüenza decirlo públicamente? Pues no, ya no.
Y ¿te acuerdas de todos aquellos años en los que llegaba este día y era una depresión total y absoluta? Pues eso, ya, tampoco.
Y no es que vaya a hacer una gran fiesta, y a invitar a un porrón de gente, eso.. tampoco.
Pero sí los voy a esperar con alegría, y como hacía antes, mucho antes de caer en espirales descendentes de histeria y depresión, voy a escribir mi lista de deseos. Sí, de 41 deseos exactamente.

- Un amanecer rosado, con Emma al lado, asombrada de lo bonito que está el cielo.
- Que Héctor llegue, sano y salvo, y su mamá lo disfrute como se merece.
- Unos pocos días más de sol y playa.
- Un viaje a París.
- Risas
- Abrazos
- Unos cupcakes de la Repostería Encantada.
- La agenda de Mr. Wonderful 2017.
- También quiero la de Lucía Be. Tengo mucho que organizar y no me da la vida!
- Lanas
- Papeles
- La revista Making - Fauna.
- Un concierto como los de antes (Pedro, Edgar, Luis, Jesús, Ismael...)
- Una noche llena de estrellas
- Un curso de sushi
- Una hamburguesa del raykillo
- Una excursión a Ajuy
- Ver a Olivia y a Emma jugar
- Una tarde de pintura con Emma
- Conversaciones inacabables con la Lolita
- Ver crecer nuestro proyecto, Loli
- Muchas fotos
- Una tarde para ordenar esas fotos
- Libros
- Cuentos
- Libretas bonitas, para dejar testimonio escrito de este mes
- Dejar que Matilda se me duerma en brazos
- Una bandeja entera del polvito uruguayo que hace Irisucha
- Unos quintillos leyendo a Alejandro Palomas
- Ver a Emma exponer su trabajo de clase
- Un desayuno mirando el mar
- Una noche de lluvia
- Una tarde de canciones de John
- Hacer un tablón de lo que está por venir
- Unas flores
- Una caja de bombones Lindz
- Un té con conversación
- Unas canciones de Guineo
- Un pellizco en el euromillón
- Un salto a Lanzarote
- Una hucha para guardar el euromillón