lunes, abril 24, 2017

Feaga, 2017, once again









Este año se celebró la XXXI edición de Feaga, la feria agrícola ganadera más importante de las islas, al menos eso es lo que dice la gente del Cabildo. Seguro que es cierto, si ellos lo dicen.
Para Emma fue la III edición, y fue igual de divertida que los años anteriores.
En cada edición se exponen nuevos animales, nuevas tecnologías agrícolas, y también nuevos productos.
Si vas a Feaga, vete dispuesto a probar el queso que se hace en todas las islas, los tomates de Tiscamanita, el aceite que se hace aquí, y por supuesto en degustar los vinos isleños. También vas a encontrar un montón de artesanía, y dulces de todo tipo, típicos de las islas.
Y por supuesto, el pabellón estrella: los animales. Sigo teniendo un montón de sentimientos encontrados con los concursos de ordeñe, y sigo pensando que no sé si me gustaría ver las reglas de estos concursos. Pero bueno, de esto, ya te hablé aquí. Y sigo pensando lo mismo.
Este año, hemos tenido una larga y enredada conversación Emma y yo. Ella quería adoptar a todas y cada una de las especies que vimos allí, con especial atención a los baifitos, los corderos y las gallinas de talla pequeña. Cada vez me cuesta más hacerle entender que en nuestra casa no podemos tenerlos. No sé qué me voy a inventar cuando nos vayamos a LaCasa. Porque allí si que se pueden tener, pero como que a mí no me apetece demasiado, la verdad. Estoy empezando a tomarme en serio eso que me dice de que ella quiere ser veterinaria.
En la exposición de gallinas estuvimos largo rato. Nuestro proveedor de huevos eco habitual, tenía allí una gran muestra de todas las especies de gallinas que tiene. Emma pudo satisfacer todas sus curiosidades sobre pollitos, huevos y gallos cantores. Allí concertamos una cita para hacer una visita guiada a la granja avícola. Con parada en incubadoras incluida. Emma estaba emocionadísima.
Y este año, ¡ay! este año. He tenido que compartir mi amor carneril. Me enamoré de uno aquí, y este enamoramiento ha ido afianzándose año tras año. No lo puedo evitar. Tampoco quiero, en realidad.
¿Tu has visto que lana tiene ese carnero? Y ¿sabes qué es lo mejor?. El dueño es un primo de mi madre. Ya estoy sacando las cardas y poniéndolas a punto. Sé que ahora tengo una ayudante excepcional.
Este año, y como novedad, había lana. Con un importante mensaje.
Aquí MiMariposita, desde que la vio, se vino corriendo a ver qué era esa tremenda montaña. Y mientras yo hablaba con mi vieja amiga Granjera, Emma aprovechó para aprender a tratar la lana. Lavarla, carmenarla y finalmente cardarla.
Dice que este año, a parte de los baifitos y los corderos, lo que más le gustó fue lavar la lana. Y así de paso, me está apremiando para que vayamos a la granja de este pariente para ver los corderos y traernos la lana.
Llevo tiempo bromeando con Loli, desde que estamos suscritas a la Taproot, sobre irnos a Maine, quien dice Maine dice El Roque o Teror, a cultivar zanahorias y papas, y a esquilar corderos. Después de esta visita a Feaga, creo que estamos preparadas, y que además contamos con ayudantes de altísimo nivel.

lunes, abril 10, 2017

Buscando la constante










Llevo varios días que estoy desubicada, como si no tuviera los chakras alineados, o como si me levantara cada día con el pie izquierdo. Una cosa rara, o no tanto, por aquí ya estuve antes. Debatiéndome siempre entre el debo, el quiero y el puedo.
Y con todo así, y algunos contratiempos de última hora, pues eso, que estoy fuera de plano.
Por momentos me creo que soy Alicia y que estoy bajando sin freno en caída libre, por el agujero del árbol, corriendo detrás de un conejo.
Lo que te digo: desubicada.
Cuando me encuentro así, me acuerdo de los protagonistas de Lost, ¿te acuerdas?. Y la solución a este desenfoque es buscar una constante.
Y como estamos en Semana Santa, la constante que primero ha venido a mi mente, son los Semlor.
Así que ayer sin demora, reuní los ingredientes y me puse manos a la obra.
Una de las maneras más fáciles de ir haciendo hogar de una casa, es machacar cardamomo. No sé por qué no hay un ambientador de cardamomo, yo lo consumiría locamente.
Metí en el mortero unas cuantas semillas, y a juntar ingredientes. Luego amasar, luego esperar.
Ya parecía que estaba medio ubicada, pero necesité de otra constante más. En este caso, recurrí a la música, una canción viejita, que me viene a la mente con una facilidad pasmosa casi cada domingo, y sin darme cuenta me descubro tarareándola sin descanso.
Y mientras tarareo y leo, los semlor van levando. Murakami hace camino.
Enciendo el horno, mientras preparo el mazapán y la nata montada. Y todo al horno.
Y empieza a oler, y el corazón se va poniendo en su sitio, con la contentura que da el deleite de saborear el dulce, la suave miga con sabor a cardamomo y el placer de saber que ha salido de mis manos.
Me doy una vuelta, y aún caliente, una niña viene y me roba uno. Y se lo come a mordiscos, porque a ella le gusta llenarse la boca de nata, y la nariz de azúcar glas.
Yo prefiero atorrijarlo. Llenar un bol de leche, y dejar el semla dentro. Esperar a que se atorrije, y comerlo a cucharadas.
Y sí, casi ya me siento en mi sitio, todo encaja, incluso yo.

sábado, abril 01, 2017

Si quieres bailar, te llevo donde haga falta







El año pasado, Emma se puso en modo perreta para que la llevara a ballet. Se inició así un período de investigación y visita por todas las academias de ballet y danza, de nuestro pueblo.
Y así, dimos con la mejor profe de danza contemporánea del lugar. Nos hizo el favor de admitir a Emma en sus clases, ya que la edad mínima para entrar era 5 años, y no los había cumplido por entonces.
Empezó en ese momento una relación de admiración y cariño total hacia la profe, y un profundo gusto por el ballet.
Tengo que aclarar en este punto, que a mi el ballet: meeeee.
Es más, en todas esas afirmaciones que uno hace antes de reproducirse, o recién habiéndolo hecho, decía yo, que una hija mía a ballet no iría. Que ¿por qué decía eso?. Yo que sé. Porque no me gustaba el ballet, supongo.
Pero este ha sido el proceso, a medida que Emma alternaba el contemporáneo con el clásico, e iba aprendiendo el relevé, el plié, y otros... Yo los iba aprendiendo con ella. Y las dos íbamos dejándonos atrapar por el arte de la danza, cada una de una manera distinta.
Y llegó el momento en el que las dos, experimentamos un profundo crush con Sergei, al punto de que hemos visto el video el 50% de las visualizaciones que tiene ahora mismo.
Con este primer año de clases, Emma ha pisado 5 escenarios, teniendo un solo en 2 de ellos. Prueba superada con nota  todas las veces.
Y como la vida te lleva por caminos raros como canta Kike González, cuando más centrada estaba Emma con las clases, la mejor profe de danza contemporánea de este lugar, tiene que dejar las clases, y su sustituta no llega ni a la sombra de lo que era la profe titular.
Así que nos vimos este principio de año, buscando clases alternativas. Y que no encontramos, y que la niña quiere bailar, y que la madre se frustra porque no encuentra dónde.
Me puse a tejer frenéticamente unos calentadores, en busca de ideas y soluciones. Calentadores que Emma llevaba pidiéndome desde el año pasado. Los tejí en dos tardes con medio ovillo de Katia Merino Classic, y siguiendo este patrón.
Pero siempre, siempre, hay soluciones. Y fíjate que esta vez, tengo que afirmar rotundamente que este pequeño problema que se ha presentado, ha sido una gran forma de atraer a nuestra vida un montón de cosas que nos estaban esperando. Ha sido como una carambola de esas de una partida de billar.
Encontramos las clases, a unos 15km. Lo que me supone a mí, ir quitándome todos esos miedos ridículos a no querer conducir. Las clases son de ballet clásico, puro y duro, lo que ha hecho que Emma se concentre, se supere, y se acostumbre a la disciplina y a no ser la protagonista de las clases. (una cura de ego totalmente recomendable a su tierna edad de 5 años). Pero es que encima, he empezado a salir de mi caparazón, supongo que motivada por la brisa marina que baña el lugar, y me he dado grandes paseos por la avenida que hay cerca, y me he dejado impresionar por el Atlántico, una vez más. Y más tarde, cambié los paseos por los cafés. Con un camarero que al segundo día ya me trae el café tal como lo quiero sin pedírselo, que me llama cielo, y que me deja tranquila mientras leo. Y días más tarde, compartí la mesa del café con otras personas, y no me sentí incómoda. La cosa es que he hecho nuevas amistades, y me he apuntado a un club de cenas y libros.
En un primer momento, esperaba las clases de ballet con cierta ansiedad, por ir enfrentando todo lo nuevo, ahora las espero con alegría y ganas. Y como me he propuesto seriamente celebrar todo lo que nos va pasando, he cocinado un pollo con arroz y salsa, que es la bomba, y que debería acompañar a toda celebración de cuestiones mundanas.
Si esto no es un gran avance en nuestras vidas, no sé yo lo que es.